Un enorme reloj robótico vigilará el cambio climático desde California

Organograph es una gigantesca escultura robótica participativa y transitable y al mismo tiempo un proyecto científico, que se instalará en San José, California y mostrará durante los próximos cien años como la actividad humana está modificando el clima de la tierra.

La instalación, a primera vista muy parecida a un jardín de ciencia ficción abierto al público, es el resultado de una colaboración entre Chico MacMurtrie, uno de los más destacados artistas de la escena robótica internacional, el científico e ingeniero artístico Geo Homsy, y el diseñador e ingeniero aeroespacial Bill Washabaugh, a quien se debe el software para el vuelo de los Boeing y el increíble palco monumental de la última gira de U2.

El proyecto, que fue elegido la pasada primavera entre 50 propuestas presentadas en una convocatoria pública lanzada en 2008 por la Climate Clock Initiative de Silicon Valley, se empezó a gestar en 2006 en la San José State University (SJSU) con el objetivo de estudiar los cambios climáticos, centrándose en la posibilidad de sensibilizar la opinión pública de manera didáctica y participativa, a través de proyectos artísticos.

El prototipo de Organograph que se está exponiendo en San José

Organograph, cuyo presupuesto se sitúa alrededor de los 20 millones de dólares que se recaudarán a través de donaciones filantrópicas, llegará a medir unos veinte metros, aunque por el momento ha sido realizado un prototipo de algo más de dos metros, que se exhibe en la City Hall de San José (California) en el marco de la muestra Climate Clock, abierta hasta finales de diciembre, coincidiendo con los eventos de la cuarta edición de la bienal de arte y nuevas tecnologías ZERO1, que se inauguró en Silicon Valley el pasado 12 de septiembre.

Organograph ilustra de manera simple y didáctica el mecanismo del ciclo del carbono y sus desequilibrios a causa de la actividad humana, la principal responsable del preocupante fenómeno del calentamiento global.
Esta gigantesca escultura cinética, inspirada en la forma del girasol, se alimenta de la energía solar que captura a través de paneles, ocultos en los pétalos, que se abren al amanecer y se cierran con la oscuridad.
Una serie de engranajes le proporcionan una estructura de planetario de cristal en continuo movimiento, que -en su versión definitiva- será dividida en diversas plantas por donde podrán transitar los visitantes. Toda la estructura realizará una rotación completa a lo largo del día como si se tratara de un enorme reloj transparente.

Además de pasear, el público podrá interactuar con las distintas herramientas que conforman este enorme reloj ecológico. Estos instrumentos, pensados para permitir que los visitantes comprendan los procesos químicos microscópicos, responsables del cambio climático, permiten experimentar el ciclo del carbono en la Tierra, midiendo las temperaturas y la concentración del dióxido de carbono en un lugar, que es al mismo tiempo un enorme invernadero. El cuidado de las plantas, que ahí se encuentran y su multiplicación dependerá de la actividad de los estudiantes locales y los demás participantes, demostrando cómo una actitud conservadora puede oponerse a los efectos negativos del temido calentamiento global.

Organograph detalle

Instrumento científico y didáctico al mismo tiempo, Organograph representa cómo el cambio climático está influenciado por los principales protagonistas del ciclo del carbono: las plantas, los animales, la actividad de los seres humanos y las emisiones de las máquinas alimentadas por combustibles fósiles. Unas esferas, que representan el CO2 y cómo va acumulándose en la atmósfera, se desplazan por todo el espacio recreando unas condiciones que ponen de manifiesto como la actividad humana acabará rompiendo el delicado y perfecto equilibrio que la Tierra ha desarrollado a lo largo de su historia. Un equilibrio que desde unos años ha empezado a modificarse y cuyos efectos futuros a largo plazo pueden desencadenar transformaciones imprevisibles, posiblemente catastróficas y sin duda alguna incontrolables.

La Climate Clock Initiative nació en 2006 de una colaboración entre distintas entidades como la Universidad de San José (SJSU), el Office of Cultural Affairs and Redevelopment Agency de la ciudad de San José, el Montalvo Arts Center, la bienal ZER01 y el Lucas Artists Residency Program.

Texto original de: “El Arte en la Edad del Silicio” Blogs – EL PAÍS de Roberta Bosco y Stefano Caldana.

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