Una lámpara de diseño para visualizar trending topics

¿Os gustaría colgar en la sala una lámpara que, como una gran pancarta luminosa, visualizara los mensajes que recibe desde la red social de Twitter? Seguro que tiene su encanto, pero por ahora tan sólo se puede considerar un adelanto de un futuro no tan lejano, cuando muchos de los objetos y complementos domésticos empezarán a funcionar también como soportes digitales.

Lolita de Ron AradMientras tanto el prototipo de la lámpara en cuestión se expone en el Design Museum de Londres en el marco de Digital Crystal: Swarovski at the Design Museum, una exposición que reúne hasta el 13 de enero, una selección obras encargadas por el centro londinense y la marca Swarovski. Se trata de una colaboración inédita que su director Deyan Sudjic define como “un desafío planteado a 15 artistas y diseñadores, a los que pedimos explorar el futuro de la memoria en la era digital, una era que está evolucionando muy rápidamente”.

Una temática que el arquitecto y diseñador londinense Ron Arad ha plasmado en Lolita, una lámpara construida con dos mil cristales de Swarovski y más de mil LED, que la convierten en una pantalla gigante, capaz de visualizar los mensajes recibidos a través de Twitter y por SMS.A la espera de tenerla en casa, es posible interactuar con Lolita y los visitantes de la muestra, enviando un mensaje de máximo 140 caracteres con el hashtag #DigitalCrystal, que se aparecerá de inmediato en la lámpara en exposición.


Quizás no se trata de una muestra que aporta un avance sustancial desde el punto de vista tecnológico, pero su enfoque permite profundizar la conexión entre el diseño y las nuevas tecnologías. Además, a pesar de ser una iniciativa promovida por una firma como Swarovski, que ha patrocinado las nuevas producciones, se mantiene en el campo de la experimentación sin caer en descaradas operaciones comerciales, como lo fue la célebre For the Love of God, la calavera humana incrustada de diamantes del provocador artista Damien Hirst.
La herencia histórica de los cristales Swarovski más burguesa, respecto a los preciados derivados del carbono, se pone de manifiesto en The Monument, una vídeo instalación de la diseñadora sueca Hilda Hellström. La obra relata la historia de Swarovski, a través de un viaje virtual y una maqueta tridimensional de las montañas de Wattens, en Austria, realizada a partir de Google Earth. Wattens es el pueblo donde se encuentra la sede central de la compañía, fundada en 1895 por el artesano checo Daniel Swartz, a quien se deben las patentes de las primeras máquinas para cortar el cristal, que dieron vida a la célebre marca Swarovski.

Osmosis Interactive Arena de Arik Levy

Algunas obras plantean exclusivamente una aproximación visual plástica al tema propuesto, como las lámparas de la coreana Hye-Yeon Park y el diseñador suizo Yves Béhar y Beta Bench, una escultura de cristal que recibe los visitantes en la entrada del Design Museum del estudio berlinés Beta Tank. Sin embargo muchas piezas no son estáticas, ya que se enmarcan en la práctica del diseño evolutivo y las producciones interactivas.
Es el caso de Osmosis Interactive Arena de Arik Levy, un espacio en continua evolución que reacciona a la presencia del público. Como si se tratara de una grande máquina para el corte de los cristales, la instalación ofrece una experiencia visual llena de geometrías, colores y texturas, que convierten el cristal en una entidad viva en estrecha simbiosis con los movimientos de los visitantes.


Crystallize de Paul Cocksedge
Se adentra en las propiedades de la materia
Crystallize de Paul Cocksedge, que utiliza un rayo láser cuyos reflejos, al colisionar con unos cristales Swarovski, generan unas lámparas casi de ciencia ficción cuyas siluetas resultan muy parecidas a las de unos diamantes que flotan en el aire. A pesar de todo se trata de una ilusión óptica, ya que las formas luminosas tan sólo proceden del reflejo del rayo láser.

También hay piezas que se pueden considerar lámparas de diseño funcionales como Pandora de Patrik Fredrikson e Ian Stallard y Study for Sunlight Video de rAndom International, unos artistas y un colectivo que representan lo más destacado de la nueva vanguardia del diseño británico.
Pandora es un lámpara colgante compuesta por dos mil cristales Swarovski, programada digitalmente para moverse y cambiar forma continuamente generando geometrías y efectos luminosos imprevisibles. Study for Sunlight Video es un conjunto de lámparas, más parecidas a focos, cuyas lentes de cristal crean un calidoscopio de luces matizadas por un sistema de filtros coloreados. Esta pieza es un primer prototipo de un diseño que puede funcionar también canalizando la luz solar y generar tanto gráficos animados como películas.


Hardcoded Memory de Troika
Hardcoded Memory
del estudio londinense Troika, fundado por Eva Rucki, Conny Freyer y Sebastien Noel, recuerda mucho los magníficos espejos dinámicos de Ben Rubin. Se trata de un enorme mural compuesto por lentes de cristal, iluminadas por unos LED, que generan un reflejo, algo así como una proyección que se parece a una imagen en muy baja resolución. Los artistas explican que “la instalación aspira a celebrar lo olvidado y a preservar los recuerdos”, en este caso las viejas fotografías analógicas, que filtradas por la instalación se convierten en una proyección de gran formato.

The Shaping Grows de Semiconductor
El colectivo ingles Semiconductor, compuesto por los artistas Ruth Jarman y Joe Gerhardt, presenta una instalación inmersiva que recuerda una cueva de diamantes. En el espacio, sumido en la oscuridad y cerrado por unas paredes convertidas en pantallas, se puede observar una animación que relata la evolución mineralógica de unos cristales cuyas formas, colores y distribución, cambian con el paso del tiempo. La obra, titulada The Shaping Grows, reacciona a las informaciones de una base de datos que recoge los eventos sísmicos de la tierra y, gracias a un algoritmo, altera en tiempo real la apariencia de la instalación.

Anton Álvarez, un diseñador londinense de doble nacionalidad suiza y chilena, ha concebido Wrapping Crystal como una enorme máquina para coser que se puede también controlar de manera mecánica como las antiguas máquinas que se accionaban con los pies. Sus creaciones pero son muy poco controlables, ya que el artilugio está pensado para envolver grandes objetos ensamblando libremente hilos y pequeños cristales que van materializando productos fruto del azar. Nadie ni el propio diseñador puede conocer el resultado final. Las piezas, que se van tejiendo durante la exposición, no se consideran terminadas hasta que no se hayan utilizado 10.000 metros de hilo.

Blur by Philippe Malouin
Entre las demás obras, que se pueden admirar también en la exhaustiva web dedicada a la exposición, hay una escultura de gran formato de Maarten Baas y una escultura tridimensional holográfica de Marcus Tremonto que, a pesar de parecer una pieza digital, es tan sólo el resultado de un efecto óptico generado por un reflejo luminoso sobre una impresión. La selección se completa con los curiosos lienzos del canadiense Philippe Malouin que, inspirado por el gigante acelerador de partículas suizo del European Organization for Nuclear Research (CERN), ha centrifugado unos fragmentos de cristales Swarovski, obteniendo unas originales pinturas dinámicas, luminosas y reflectantes.

(Fotografías en el artículo © de David Levene)

Texto original de: “El Arte en la Edad del Silicio” Blogs – EL PAÍS de Roberta Bosco y Stefano Caldana.

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