Sema D’Acosta traza medio siglo reciente de fotografía en Andalucía

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Fotografía de Gonzalo Puch para Stand by _012

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Sabemos por Derrida que es en el borde donde se plantean siempre los más desconcertantes problemas de topología. Si hablamos, como en este caso de fotografía, debemos concluir que son las cuestiones que rodean al hecho fotográfico las que, a la postre, acaban enriqueciéndolo. Las ingentes posibilidades que atesora el medio residen justamente allí donde éste colisiona con otros, en los “bordes porosos que favorecen la interacción con otras disciplinas y la emanación hacia otros campos”. Es en esos  contornos donde se entabla un fértil diálogo, “un encuentro entre fronteras que además de resultar constructivo, ensancha su perímetro”. Al igual que las periferias urbanas han ampliado el sentido de la metrópolis tradicional, la fotografía contemporánea ha desplazado su punto de interés desde un centro “alentado por una inflexibilidad de orden extemporáneo asida a la rememoración del ayer” hasta un nuevo territorio híbrido y fronterizo capaz de albergar sedimentos de diferentes niveles conceptuales. Quien así se manifiesta es el crítico y comisario de arte Sema D’Acosta, que en estos días publica Stand by _012, un trabajo de investigación que constituye la primera revisión del medio siglo reciente de fotografía en Andalucía y que viene a cubrir un hueco en la historiografía publicada sobre el medio.

Desplazamientos, 2005. Fotografía de Chema Alvargonzález

Desplazamientos, 2005. Fotografía de Chema Alvargonzález

Fruto de esta labor de prospección resulta una guía, Stand by _012, editada por la Fundación Valentín de Madariaga – MP, que constata el momento “especialmente próspero” que vive la fotografía en nuestra comunidad. Su “variedad, abundancia y viveza” dibujan una geografía en la que sería “imposible acotar un único territorio para referirnos a todos sus itinerarios”. Entre el hecho documental que retratan las míticas instantáneas de Pérez Siquier en el barrio almeriense de La Chanca y la imagen-concepto habitual  en  nuestros días , el autor advierte un devenir en el que “el valor de la representación ya no reside en la excepcionalidad” y el fotógrafo pasa a convertirse en un “pensador de situaciones que utiliza una herramienta como la cámara para desplegar pensamientos, inspirar sensaciones o concebir estrategias de reflexión en torno a la realidad”. A lo largo de la primera parte de la guía, el autor traza un estudio historiográfico que repasa los principales hitos de la fotografía en Andalucía en estos años. La segunda y más extensa compila una lista de autores fundamentales para conocer el pasado reciente y poder atisbar perspectivas de futuro. Una labor conjunta en la que D’Acosta se ha visto acompañado por un buen número de críticos y teóricos andaluces entre los que figuran José Ramón López, Óscar Fernández, Ángel Luis Pérez Villén, Fernando Martín, Jesús Reina, Juan Francisco Rueda e Iván de la Torre entre otros.

Roquetas de Mar. Almería, 1974. Fotografía de Carlos Pérez Siquier

Roquetas de Mar. Almería, 1974. Fotografía de Carlos Pérez Siquier

La aparición del Grupo Afal en la década de los cincuenta supone el punto de arranque del que emana “una verdadera conciencia contemporánea caracterizada por el apego a la realidad y la búsqueda de lo auténtico”. Afal significó todo un revulsivo para la disciplina fotográfica de la España del momento y fue el germen para la adopción de un nuevo posicionamiento ante el hecho fotográfico caracterizado por el rechazo frontal al academicismo imperante y la asunción de un compromiso con la realidad social del momento. Destaca Sema D’Acosta el papel medular llevado a cabo por Carlos Pérez Siquier, no sólo en la revista y el grupo Afal, sino como máximo impulsor de la corriente de la Fotografía Subjetiva que propugnaron en Europa artistas como Otto Steiner.

Secuencias Edipianas, 1975-1976 (fragmento). Fotomontaje de Luis Gordillo

Secuencias Edipianas, 1975-1976 (fragmento). Fotomontaje de Luis Gordillo

Almería vuelve a ser también en la década de los setenta, epicentro de la fotografía andaluza. Jorge Rueda asume la dirección de la revista Nueva Lente, una publicación muy imbricada con el grupo de la Nueva Figuración Madrileña. Rueda junto a autores como Manuel Falces propugnaba “una poética del absurdo a través de la radicalización de un discurso ambiguo y de tintes lúdicos”. En su predicamento de irreverencia y desinhibición, explica D’Acosta, “uno de los lemas más llamativos al que se agarraron fue el todo-vale, una consigna de exención que interpretaba la posición del fotógrafo como la de un artista descargado de los condicionantes que acarreaban los conocimientos técnicos o históricos”. Mención especial requiere también para el autor la figura del sevillano Miguel Ángel Yáñez Polo, investigador y coleccionista insaciable de fotografía, que ha recopilado un extenso fondo fotográfico que alberga más de 300.000 documentos. Aunque la aportación de más calado para la fotografía andaluza de la época, resulta para Sema D’Acosta, la incursión en el medio del artista Luis Gordillo: “Es el trabajo más profundamente trasgresor de la época. Sus sondeos e investigaciones en torno a los métodos de construcción de la imagen tienden de manera premonitoria, al igual que ocurre hoy, a la hibridación y la aleación de lenguajes”. Otros artistas plásticos como el cordobés Pepe Espaliú explora en su primera época las posibilidades del medio mediante las series de Barcelona, una colección de fotografías intervenidas mediante hilo cosido o rotulador.

Número de la revista Photovision

Número de la revista Photovision

En 1981 comienza a publicarse Photovision, un proyecto editorial bilingüe con distribución internacional, que contó en su consejo de redacción con la presencia de Joan Fontcuberta y del sevillano Ignacio González. Photovision responde, para el autor de Stand by _012,  a “las necesidades de una década distinta donde la fotografía, más asentada y cada vez más profesionalizada, empieza a ser tenida en cuenta por sus discursos y no sólo por sus imágenes”. La transición española trae consigo, por un lado la irrupción de la prensa democrática y por otro la emergencia de movimientos propios de la cultura underground. En fotografía de prensa aparecen nombres como Gervasio Sánchez o Manuel Falces mientras que como testigo directo de la movida resulta indispensable el trabajo del gaditano Miguel Trillo. A mediados de los ochenta la fotografía empieza a hacerse un hueco en la programación habitual de las salas institucionales. De esta manera la Fundación Luis Cernuda o el Museo de Arte Contemporáneo de Sevilla comienzan a mostrar los trabajos de los grandes de la fotografía: Cartier-Bresson, Robert Capa, Robert Frank o Irving Penn . En Córdoba, la Posada del Potro mantiene un ciclo expositivo que permite dar a conocer obras de  Falces, Momeñe,  Schommer, Oriola o Isabel Muñoz entre otros. En las galerías comerciales, la introducción de la fotografía se produce de manera natural, “sin hacer ruido”. Los artistas de la escudería de Juana de Aizpuru y La Máquina Española, “arrancaron desde la pintura y el dibujo para derivar al poco tiempo lejos de estos parámetros anclados en las prácticas académicas”. Algunas de las aportaciones más importantes al devenir de la fotografía andaluza vienen de la mano de creadores educados en la tradición de las técnicas clásicas. Tanto Rafael Agredano como Gonzalo Puch inician en estos años una senda de trabajo, que llega hasta nuestros días, y que permite entroncar con las corrientes internacionales del momento. Próximo también a la revista Figura pero “alejado de cualquier corriente o moda”,  Juan Francisco Isidro desplegó una obra fotográfica dueña de “una sutil poética de lo sencillo de una gran profundidad conceptual y una aguda sensibilidad”.

 A la salida del Gran Musical en la sala Consulado, 1983. Fotografía de Miguel Trillo

A la salida del Gran Musical en la sala Consulado, 1983. Fotografía de Miguel Trillo

Los proyectos que surgen al amparo de la Expo de Sevilla dan contenido al arranque de los noventa, una década especialmente fructífera para la creación contemporánea en Andalucía. El proyecto Plus Ultra, comisariado por Mar Villaespesa o en lo fotográfico el Imagina coordinado por Manuel Falces en Almería, son referentes ineludibles ya de la historia cultural de la comunidad. Imagina, “la estrategia más ambiciosa y consecuente en el terreno de la fotografía que se promovió en España en la última década del siglo xx” reunió en Almería a grandes nombres de la fotografía internacional como Sebastião Salgado, Gabriela Iturbide, Martin Parr junto a referentes nacionales como Pérez Siquier o Gabriel Cualladó. Imagina alcanza su momento culminante con la visita de la leyenda viva de la fotografía, un Henri Cartier-Bresson que permanecía ya retirado de la vida pública a sus 83 años. Esta implicación del artista con el proyecto almeriense se convirtió en un “revulsivo” para la inminente puesta en marcha del Centro Andaluz de Fotografía, que en 1994 organizaría una antológica y posteriormente una retrospectiva con retratos realizados por el fotógrafo francés. En el mismo año el Museo de Arte Contemporáneo de Sevilla muestra Los Géneros de la pintura, un proyecto comisarial de Rosa Olivares y Gregor Nusser, que anticipaba “la senda de mixtura y aleaciones constantes por la que discurriría lo que estaba por venir, un camino hacia la indiferencia de la representación y la reelaboración de los significados de la imagen”. Comprobamos que a estas alturas de los noventa la fotografía ha entrado de manera definitiva en todos los ámbitos del orden institucional. En el 94 se instaura el Premio Nacional de Fotografía que en años sucesivos sería concedido a tres fotógrafos  andaluces: Carlos Pérez Siquier, Gervasio Sánchez y Rafael Sanz Lobato. Instituciones como el Colegio de Arquitectos encargan el proyecto Sevilla x 15, quereunió a un buen número de fotógrafos, Javier Andrada, Atín Aya y Alejandro Sosa entre ellos, para documentar los cambios urbanísticos de la Sevilla de la exposición universal. Sosa elabora para la muestra una cartografía caleidoscópica que “cuestiona las coordenadas tradicionales inherentes a la fotografía, superando la simple estética de registro y creando una nueva percepción de la realidad que no impone un único punto de vista”. El inicio del siglo  significó  para las galerías andaluzas su momento álgido y de mayor proyección. En 2002 son nueve las que acuden a ARCO y en todas la fotografía comienza a adquirir visibilidad y presencia. De entre ellas será Cavecanem “la sala que establece una apuesta más clara y convencida por la fotografía”. Por el espacio de la calle San José pasaron grandes nombres de la fotografía española como Alberto García-Alix, Miguel Trillo o Mireia Sentís. Entre 1997 y 2003 se ponen en marcha los cuatro principales centros de arte con los que cuenta la comunidad. El CAAC, el Guerrero de Granada, el Picasso y el CAC Málaga programan habitualmente muestras donde la fotografía adquiere un protagonismo especial pero es en éste último donde han recalado las figuras de mayor peso en celebradas exposiciones individuales como las que llevaron a cabo Mapplethorpe, Gilbert & George, Thomas Ruff o actualmente Vik Muniz.

Paradis Inmobilier, 2011. Óleo sobre fotografía de Rogelio López Cuenca

Paradis Inmobilier, 2011. Óleo sobre fotografía de Rogelio López Cuenca

La ambigüedad y sobreabundacia de lo icónico en la cultura de masas en este último decenio convierten, para Sema D’Acosta, a la fotografía en un medio “ambivalente que subvierte una y otra vez su sentido para ser al mismo tiempo una cosa y su contraria: por su propia condición está orientada hacia la copia y duplicidad infinita, pero tendemos a limitar su rango y enaltecerla como obra única”. En este sentido, las tácticas de apropiación y resemantización puestas en práctica por Rogelio López Cuenca “no sólo evidencian los modelos habituales de representación impuestos por la sociedad, sino determinados estereotipos asumidos que no son más que clichés interesados generados por los poderes empresariales o políticos”. Trabajos como el Archivo F.X. de Pedro G. Romero o las Fatigas de la muerte de Isaías Griñolo dan muestra del documentalismo como práctica artística, “un subgénero que transforma en material creativo la investigación sobre un fenómeno determinado o las relaciones que se generan entre un hecho social y su producción como obra de arte”. Al repasar la nómina de artistas que han destacado en esta primera década de siglo, el autor repara en primer lugar en la figura del fallecido Chema Alvargonzález y su serie de maletas y ventanas. Las imágenes, ambiguas y dudosas, nos recuerda, “están tomadas en ciudades por las que había transitado, convirtiéndose así en un recuerdo evocador asociado a la idea de viaje”. Los trabajos de Carlos Aires son paradigmáticos a la hora de crear atmósferas y lugares de representación. El resultado, indica Sema D’Acosta, es “envolvente e implica una preocupación escénica, que aun partiendo de lo fotográfico, se vuelve inevitablemente teatral”. Gonzalo Puch viene desarrollando en las últimas décadas un trabajo que construye escenificaciones y que ha puesto en pie un discurso “en torno a la Ciencia y la Naturaleza que sitúa al ser humano en el centro de un territorio equívoco de falso conocimiento”. Enfatizando el caracter plástico de la fotografía, los collages de Miguel Ángel Tornero “transforman las superficies en volúmenes para incidir en aspectos táctiles del formato o las texturas, una esculturización de la fotografía que se desentienden de lo narrativo y se adentran en lo sensitivo.

Sin título, 2011. Fotografía de Gonzalo Puch

Sin título, 2011. Fotografía de Gonzalo Puch

En los intersticios entre la imagen fija y la imagen movimiento, en el territorio de la imagen-tiempo, sitúa Sema D’Acosta los trabajos de Tete Álvarez, videos y fotografías que aunan “a partir de una semántica compartida” la instantaneidad y el movimiento. A María Cañas y Camino Laguillo les une el interés por desplegar la imagen fija en el transcurso de la imagen móvil. Mientras que Manolo Bautista se muestra como un “creador de paisajes verosímiles a partir de realidades paradójicas salpicadas de ironía, cuyas exquisitas videoinstalaciones nunca quedan desposeídas del todo de su condición fotográfica”. A medio camino entre ambos medios se encuentran las obras del almeriense Lucas Gómez que “absorbiendo la lógica de montaje que se aplica en las narraciones cinematográficas une en una misma composición tomas dispares que pueden o no estar vinculadas”. Otro recurso que trasciende la “mera función indicial” de la imagen resulta “la labor diarística” que lleva a cabo Jesús Micó, “una crónica personal íntima a partir de situaciones cotidianas” que revela “un autorretrato extremadamente fidedigno de sí mismo y de sus vivencias”. La impronta cinematográfica también está presente en las fotografías secuenciadas de Alejandro Sosa, imágenes que recuerdan “los movimientos de cámara usuales en cine como las panorámicas horizontales o el travelling, desplazamientos que sitúan la acción y facilitan la máxima información del lugar de los hechos”.

Dauphin Island XI, 2012. Fotografía de Dionisio González

Dauphin Island XI, 2012. Fotografía de Dionisio González

Para el autor de Stand by _012, en los umbrales del siglo XXI la fotografía ha alcanzado “tal estatus de poder como medio visual absoluto, que en una cultura como la nuestra —volcada en la imagen, cada vez más gráfica y menos textual—, no sólo se permite suplantar a las antiguas Bellas Artes, sino que además las condiciona”. En este sentido, artistas andaluces como Juan Carlos Bracho, los Mp&Mp Rosado, Jacobo Castellano, Mª Ángeles Díaz Barbado, Carlos Miranda o Miguel Ángel Moreno Carretero, “utilizan la fotografía desde un territorio propio que, sin ser estrictamente fotográfico, se mueve con libertad por esta demarcación expresiva que les resulta eficaz para exteriorizar ideas y materializar conceptos o intuiciones”. Explica Sema D’Acosta que algunos de los argumentos principales que han caracterizado la producción contemporánea a nivel mundial en la última década tienen que ver con el reconocimiento de la ciudad y sus límites. Ejemplar resulta el trabajo del granadino José Guerrero que “centrándose en la difusa frontera que se establece entre lo rural y lo metropolitano, ausculta las oscilaciones de un territorio en continuo cambio al albur del afán urbanizador del hombre, una zona en conflicto donde las urgencias de la ciudad colisionan con la calma sosegada del campo”. La ciudad ha sido también campo de reflexión en la obra de Jorge Yeregui. Yeregui incide especialmente en el valor simbólico de la naturaleza y en la percepción que de ella tenemos en las grandes urbes metropolitanas. Sus trabajos sobre naturaleza, arquitectura y sociedad constatan un “sucedáneo de concordia que apacigua nuestro compromiso ecológico al tiempo que fundamenta una cierta concienciación medioambiental”. Desde un presupuesto “diametralmente distinto” las fotografías de José María Mellado, bien conocido por sus estudios sobre el rango dinámico, están dotadas de un “énfasis artificial” que les confiere un efecto hiperrealista que técnicamente lo enzala, desde lo digital, con los trabajos sobre el Sistema de Zonas de Ansel Adams. La arquitectura en la ciudad contemporánea es también el escenario donde construye Dionisio González su reconocidos collages fotográficos. González, “sin duda el fotógrafo andaluz de mayor proyección internacional”, desarrolla un trabajo que lo lleva explorar zonas desestructuradas de la ciudad contemporánea para elaborar unas construcciones que hablan en gran medida de sus propios habitantes, “personas que viven en la opacidad, que no existen para el gobierno y crean sus propias normas de supervivencia en guetos inaccesibles que son retratados por el autor en amplias panorámicas que altera con prototipos tridimensionales pensados como soluciones de habitabilidad”.

Los Salazares, 2007. De la serie Las Tres Mil Viviendas, Sevilla. Fotografía de Pierre Gonnord

Los Salazares, 2007. De la serie Las Tres Mil Viviendas, Sevilla. Fotografía de Pierre Gonnord

Además del impulso que le proporcionan a la fotografía los artistas andaluces, el medio goza en esta última década en la comunidad de un nivel de visibilidad acorde al resto de las manifestaciones artísticas. Para Sema D’Acosta una “figura básica en la difusión y consolidación de este lenguaje en el sur” es la de Francisco del Río. Su labor como responsable de artes plásticas en la Caja San Fernando y posteriormente en Cajasol permitió la convocatoria de las becas de fotografía que sirvieron para que artistas como Héctor Bermejo, Pepe Florido, Gabriel Campuzano y Juan del Junco pudieran llevar adelante sus proyectos. En su haber destacan muestras como las dedicadas a Brasaï o Xavier Ribas aunque del Río prestó siempre especial atención a los artistas andaluces, especialmente a jóvenes fotógrafos como Miguel Ángel Tornero o José Muñoz. Sema D’Acosta finaliza su repaso a lo acontecido en la última década de fotografía en Andalucía con un breve repaso a las exposiciones más significativas que se han podido contemplar en los diferentes espacios de la comunidad. Así señala la retrospectiva del Grupo Afal, comisariada por Laura Terré, la monográfica de Miguel Trillo e individuales como las realizadas por Moriyama, Bleda y Rosa o Candida Höfer todas ellas producidas por el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo. Por su parte el Centro Andaluz de la Fotografía reivindicó las figuras de Jorge Rueda, Carlos Pérez Siquier y Emilio Morenati en sendas muestras itinerantes. Aunque para el autor uno de los proyectos más interesantes vistos en este tiempo “por su capacidad dialéctica, originalidad, atrevimiento y atractivo”, vendrá a ser Realidades, un delicado ejercicio de convivencia planteado por María de Corral entre la pintura barroca del Bellas Artes de Sevilla y los personajes atemporales de Pierre Gonnord. “Una intersección enriquecedora que establecía entre unos y otros verdaderas analogías a partir de un tratamiento similar de la luz, el rostro y el color”. Fruto de su estancia en la capital hispalense, el artista frances desarrolla una serie con los gitanos del barrio de las Tres Mil Viviendas que resulta “una de las mejores de toda su carrera por su intenso humanismo, capacidad expresiva y dignificación del ser humano”. De la programación del Centro José Guerro, el autor destaca Los colores de la carne, comisariada por Joan Fontcuberta y entre los proyectos más ambiciosos de este momento situa la doble exposición De lo Humano. Fotografía Internacional, que se pudo contemplar  en las sedes del  Museo Picasso de Málaga y del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo en Sevilla. Dentro de las plataformas de apoyo y fomento de la fotografía en nuestra comunidad destaca por su prestigio el Premio Internacional de Fotografía Contemporánea Pilar Citoler, que en dos de sus seis ediciones ha sido obtenido por los fotógrafos andaluces Juan del Junco y Jorge Yeregui. La Fundación Valentín de Madariaga ha apostado de manera especial en los últimos años por desarrollar actividades específicas en torno a la fotografía andaluza. La guia que ahora publica es continuidad de proyectos como la exposición Mundos propios. Perspectivas y variaciones en la fotografía andaluza de hoy, comisariada para la fundación por el autor de Stand by _012, Sema D’Acosta. El crítico y comisario de arte es también responsable de AfterPost. Más allá de la fotografía, producida por Iniciarte, la exposición reunió a artistas andaluces, nacionales e internacionales y supuso un primer acercamiento al decurso de la fotografía contemporánea en Andalucía. La guía se completa con una serie de textos críticos elaborados por distintos autores que versan sobre los 86 fotógrafos más relevantes de los últimos cincuenta años.  El listado de fotógrafos se ha organizado en  21 secciones y conforme a la manera de enfrentarse al hecho fotográfico y entender la imagen, la guía situa a cada uno en un territorio concreto definido mediante una etiqueta. Así encontramos denominaciones usuales para el medio como Fotoperiodismo, Retrato, Bodegón, Paisaje o Naturaleza junto a otras novedosas como Imagen y Concepto, Performance, Mise en scène, Identidad femenina o Metafotografía. La listade autores se completa con los tres hitos imprescindibles para conocer la fotografía andaluza del último medio siglo: el Grupo Afal, la revista Photovision y el Proyecto Imagina.

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