Archivo Espaliú. Desvelos y cortinas

Jesús Alcaide / Ars Operandi
El 28 de Octubre del 2010 abría sus puertas en Córdoba el Centro de arte Pepe Espaliú, un nuevo espacio expositivo dependiente de la empresa de viviendas municipales Vimcorsa que entre sus objetivos iniciales tenía encomendados la difusión, interpretación y colección de una selección de las piezas del desaparecido artista cordobés.
Aunque la denominación inicial que se dio al proyecto como Centro de Documentación de arte y arquitectura contemporánea Pepe Espaliú, a muchos nos llevaba a confusión, el devenir de estos dos años ha confirmado que se trataba de un espacio que iba a albergar una colección de piezas que el Ayuntamiento de Córdoba compró a la familia de Espaliú para su salvaguarda y difusión, entre las que se encuentran dibujos, fotografías, esculturas, instalaciones, videos y pinturas, así como un archivo documental que de una manera reducida pero efectiva nos invita a descubrir la obra del que ha sido el artista nacido en Córdoba más importante de la segunda mitad del siglo XX.
Vista del patio del Centro de Arte Pepe Espaliú  de Córdoba. Foto: Ars Operandi
Tras las polémicas con el albacea testamentario de Pepe Espaliú y las promesas incumplidas de poder establecer en Córdoba una mayor colección de piezas del artista, desde el 2010 hasta hoy, dos años después, aquellos que nos dedicamos a la creación contemporánea hemos podido visitar el centro en más de una ocasión para conocer esta colección, pero poco se ha sabido de aquellos objetivos que este centro debía cumplir; difusión e interpretación de la obra de Pepe Espaliú.
Después de la exposición que en el 2007, Juan Vicente Aliaga y Ángel Luis Pérez Villén comisariaron para la sala de exposiciones Vimcorsa bajo el título Pepe Espaliú desde Córdoba, y tras la apertura del Centro Espaliú, el silencio volvía de nuevo a caer como un telón sobre la obra del artista en una ciudad acostumbrada a vivir de espaldas a su obra.
Cuaderno de bocetos de Pepe Espaliú. Foto: Ars Operandi

Hablar de Espaliú desde Córdoba duele y hacerlo hoy en vísperas de que el próximo año se cumplan veinte años de su desaparición y aún nadie haya comentado siquiera la posibilidad de realizar una verdadera exposición seria y crítica sobre su trabajo y las vinculaciones que este ha tenido con múltiples aspectos de la creación contemporánea, el activismo social y los discursos de identidad, sólo hace que la herida cicatrizada vuelva a abrirse y supurar por la desidia y desinterés que esta ciudad ha demostrado hacia la poética de Espaliú.

 Hecha esta introducción de los hechos, hay que felicitar a la nueva política cultural del Centro que, después del desértico pasado y esperemos no sea espejismo, termine el 2012 e inicie el año con una exposición como Pepe Espaliú. Apuntes y documentos, que con el comisariado de José María Baez, antiguo responsable de la política expositiva de Vimcorsa y artífice, entre otros, de la posibilidad de poder tener hoy la colección de piezas que alberga el Centro Espaliú, nos invita por primera vez a poder interpretar la obra de Espaliú desde sus apuntes y bocetos y a conocer la importancia de su obra a partir de las publicaciones internacionales, catálogos y demás piezas que se insertan en un interesante discurso de afectos y recuerdos, apto para todos los públicos y especialmente para aquellos a los que la obra de Espaliú tanto nos interesa.
Fotografía de Pepe Espaliú y Guillermo Paneque. Foto: Ars Operandi

A diferencia de otras extensas y amplias exposiciones como las que se han venido sucediendo desde el año 1994 en el ICA de Londres o el Pabellón Mudéjar de Sevilla hasta la retrospectiva que en el 2003 le dedicara el Museo Nacional Centro de arte Reina Sofía, la exposición actual se inicia con una serie de obras y documentos de Pepe Espaliú antes de ser Espaliú. Inaugurando la muestra con un cuadro de 1973 donde la influencia picassiana se deja entrever en una obra en la que los 18 años de Pepe Espaliú apenas apuntan hacia lo que sus últimas obras pudieron plantear, la exposición continúa con documentos de las primeras exposiciones de Espaliú en Barcelona, como el cartel de los trabajos realizados entre Noviembre de 1975 y Marzo de 1976 en Hospitalet de Llobregat o las inéditas piezas Variaciones sobre la imagen de Jean Arthur y el tetrabrik de leche Rania, ambas también de 1975 en las que la obra de Pepe parece verse influida por los procesos de repetición, seriación y proceso de algunas de las estrategias del arte conceptual, tan en boga en aquellos años en el área catalana con las obras del Grup del Treball y otros tantos que pronto aburrieron a Espaliú y a todos aquellos artistas que a finales de los setenta quisieron abrir el arte español a influencias externas desde las alegóricas disciplinas que dictaminara Owens en October y que años más tarde sirvieran a Jose Luis Brea para hablar de las nuevas estrategias alegóricas en el arte español.

Pasada esta etapa de juventud o formación, como a la crítica histórica le gusta llamar, y que se completa en la exposición con documentos referidos a las exposiciones de 1983 en la Posada del Potro y en la desaparecida Galería Arc-en-ciel, ya en 1983 nos encontramos con la obra de Pepe Espaliú en el interior del número 1 de la Revista Figura y su relación con Guillermo Paneque y aquellos otros que formaron parte del grupo que desde Sevilla consiguió introducir en Andalucía las doctrinas de la posmodernidad cálida a lo Calabrese, como en el archiconocido manifiesto Titanlux y moralidad del también cordobés Rafael Agredano, otra de esas figuras a las que esta ciudad ha vuelto la espalda y apenas ha tenido en cuenta a la hora de trazar una historiografía del arte de 1957 hasta la actualidad.
Carta enviada por Guillermo Paneque a Espaliú con motivo de la entrevista a Jose María Sicilia en la Revista Figura. Foto: Ars Operandi
Tras los interesantes cuestionarios de la revista Figura y los documentos de exposiciones como Pintado en Córdoba (1985), donde Espaliú compartió sala con el que ahora es comisario de esta exposición, José María Baez y la que realizó en el Espacio Andrés García Cubo en Marbella cuyo propietario fue el destinatario del relato autobiográfico titulado Libro de Andrés que Espaliú dedicó a Rafael Sierra, entramos de lleno en 1986, fecha clave para la trayectoria del artista cordobés y cita temporal de la que parten todas las exposiciones retrospectivas realizadas hasta el momento.
De esta fecha, la exposición presenta documentos como la invitación de la exposición Ohne Title en La Máquina Española con Agredano, Cabrera, Guzmán y Paneque y texto de Mar Villaespesa y la hoja de exposición de la galería Barbara Farber en Amsterdam, aunque se echa de menos la foto de Espaliú con traje militar a caballo que cerraba el catálogo de la retrospectiva del MNCARS del 2003 y que tanto puede dar a interpretaciones posteriores de la obra de Espaliú desde un punto de vista de las relaciones con la ley y el orden y la hegeliana relación de dominación amo-esclavo, así como las lecturas SM que se han hecho desde los Santos y las máscaras de cuero apuntadas por Aliaga en alguno de sus imprescindibles escritos.
Cuaderno de Pepe Espaliú. Foto: Ars Operandi

De algunos de los bocetos de este año y el siguiente mostrados al público por primera vez en esta exposición, surgieron piezas como Primavera belga de 1987 y las flechas que forman la parte superior del díptico Octubre, Octubre de 1988, mientras en la exposición se presenta la obra Alguien a quien salvar procedente de la Familia González-Espaliú, una pieza cuya figura curvada también aparece en alguno de los bocetos de la exposición y en la que el gesto o saludo marcial vuelve a condicionar una lectura en clave lacaniana. Esta pieza aparece catalogada como Sin título en el catálogo de la exposición del MNCARS mientras que el título aparecía adjudicado a otra obra realizada en técnica mixta sobre madera en la que una figura masculina mira fijamente los símbolos e ideogramas religioso-místico-ideológico-políticos que se posan sobre la yema de sus cinco dedos, cuestión que habría que dilucidar como una errata de identificación en alguno de los dos casos, el del MNCARS o esta exposición.

 El siguiente año, 1988, es el año de la consolidación, del fervor del arte contemporáneo español, de los sevillanos guapos de los que hablaba Victoria Combalía y de algunas otras piezas como los Glovemakings de Espaliú y su relación con el cuerpo, la mano, la ocultación, el doble y la presencia, que en estos años marcarán los intereses de su obra.
Sín título, escultura de hierro pintado de Pepe Espaliú. Foto: Ars Operandi
De ahí pasamos a 1989, una fecha clave en su obra y su trayectoria vital (si ambas pudieran diferenciarse), pues el despegue internacional de su obra, con exposiciones en Amsterdam y Nueva York, se ve oscurecido por la aparición de la enfermedad del SIDA, conocimiento que tendrá lugar ya en 1990 mientras residía en Nueva York.
De la exposición en la galería Van Krimpen en Amsterdam se presenta un catálogo cuya oscura portada y reducido tamaño, nos conducen a hablar de la idea inicial que el artista proyectó para esta exposición, intentar abordar el espacio rectangular de la galería como un cuarto oscuro, tal y como nos desvelaba Juan Vicente Aliaga en el texto monográfico del catálogo del MACBA, proyecto que no llegó a realizarse por cuestiones de índole personal, y que curiosamente años más tarde otro de los artistas interesados en el discurso queer, el cuerpo y la identidad como es Jesús Martínez Oliva llego a materializar en una sala de exposiciones desde su propia investigación sobre el cuerpo y las arquitecturas del deseo.
Cuaderno con bocetos de Pepe Espaliú. Foto: Ars Operandi
Junto al catálogo de la Van Krimpen Gallery, aparece la publicación que nunca llegó a distribuirse de la Brooke Alexander Gallery de Nueva York, una oportunidad única para aquellos a los que no sólo nos interesa la obra de Espaliú, sino especialmente esta fecha clave, donde el ambiente neoyorkino de Félix González-Torres, David Wojnarowicz y Robert Gober, así como la dramática aparición de la enfermedad y su relación con el colectivo ACT UP tanto influenciarán su poética posterior.

De lleno ya en los años del SIDA, la exposición presenta diversos cuadernos (Squash, Centauro, Salazar, Mead y otros sin identificar) refugios íntimos del artista en esta última etapa de su trayectoria que se ven reflejadas en obras como el Díptico de las sillas-caja de 1991 procedente de la Colección Carlos Bergara, poética metáfora de la inestabilidad, la caída y el vacío, que el artista plantea como espacio vital y personal en ese momento.

Escultura de acero de la serie El hijo pródigo. Foto: Ars Operandi

Encarando ya la etapa final de su carrera nos encontramos con el Espaliú más intenso, aquel que sabe que poética y política van de la mano, en un momento decisivo que afronta con la valentía y el conocimiento de saber que ahora no es que la vida tenga un límite existencial, sino que ahora él es el propio límite.

En estos momentos tienen lugar dos de los actos más importantes de su carrera, que aparecen recogidos en esta exposición, por un lado la exposición que comisarió para la Galería La Máquina Española y por otro lado el taller y Carrying que realizó en San Sebastián y Madrid en 1992.
La primera acción, tiene su importancia desde el punto de vista curatorial, al presentarnos a un artista que plantea en esta exposición, un interesante flujo de afectos y guiños hacia su propia obra, desapareciendo en ella y presentándose a través de las manos de Barbara Ess, la figura ausente que sujetan las manos de la mujer en Julio Romero de Torres, el sadismo doméstico y la ausencia de rostro en Rosemarie Trockel y la metafísica limítrofe de Cristino de Vera, a los que Espaliú introduce con un texto que cada vez que lo leo, más intenso dolor produce. Es casi invierno y, una vez más, intento decir algo sobre unas imágenes que solo en silencio dicen. Fuera aún llueve, y mi vida, parece caer confundida en ese perderse del cielo en la tierra, en esa húmeda llamada que el más allá susurra goteando a un suelo dormido, …, acércate, acércate…
Escultura de la serie Carrying. Foto: Ars Operandi

Y en este acercarse hacia el abismo, Espaliú encontró en el taller La voluntad residual . Parábolas del desenlace realizado en Agosto de 1992 en Arteleku y en las tres acciones que de él se derivaron, “este río es este río es este…”, “Lo que queda de la idea de Dios” y el archiconocido Carrying, que gracias a la enfermedad del SIDA había encontrado ese vacío conectado del que hablaba el activista de ACT UP John Greenberg en el escrito para su propio funeral en 1991, y que gracias a esas conexiones y afectos y a la valentía por sacar a la calle y las portadas de los periódicos la real existencia de los enfermos de SIDA, había conseguido no sólo hacer soportable su propia existencia sino también encontrar el verdadero sentido de su producción artística la compleja relación entre poética y micropolítica, esa invertida rosa con espinas que en uno de sus últimos se nos enfrenta a la imagen de un pene asaeteado por clavos simulando anillo Prince Albert.

De la repercusión que esta acción tuvo en los medios da buena cuenta la exposición a través de diversos periódicos y magazines como El Europeo, así como del agradecimiento demostrado por Espaliú a todos aquellos que participaron e hicieron posible esa acción, en esa carta de agradecimiento general que forma ya parte de la colección del Centro, coda final para una exposición que esperamos sólo sea el inicio de un trabajo más intenso y serio sobre la obra de Espaliú, pues él así se lo merece y aquellos que seguimos apostando por la cultura como herramienta de transformación social también.
No dejemos que el telón de silencio vuelva a caer sobre su carrera, pues cada vez costará más subirlo por el charco de lágrimas sobre el que cae.

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