Bioners, una nueva forma de vivir y crear

Bioners¿Bioners? ¿Qué es Bioners? La palabra significa amantes de la vida y la acuñó Bigas Luna, cineasta y artista cada vez más poliédrico, para indicar una idea, un proyecto y a la vez una declaración de intenciones. Un conjunto de recuerdos, planes, reflexiones y anhelos que se plasman en el libro homónimo –Bioners– publicado por la editorial Carlo Cambi de Poggibonsi en la campiña de la Toscana, que se presentó hace unas semanas en el Instituto de Cultura Italiano de Barcelona.

Bioners PortadaBioners, la idea y el libro, nacen a partir de un lugar, Salomó en el campo de Tarragona y dos artistas, Bigas Luna y el joven italiano Paolo Maggis, que pese a utilizar diversos soportes y herramientas de expresión artística, comparten la voluntad y capacidad de mezclar arte y vida en una tupida trama de eventos, obras, sensaciones y pensamientos. El libro recoge en breves textos e imágenes, fragmentos del transcurrir del tiempo en la gran nave agrícola de Salomó donde Bigas Luna y Paolo Maggis han establecido su estudio. La nave gemela la ocupa Pere Soldevila, clarividente experto de arte contemporáneo y ex marchante, tras cerrar su galería, la Metropolitana de Barcelona en Consejo de Ciento, donde expuso por primera vez en España las pinturas de Paolo Maggis y realizó numerosos proyectos con Bigas Luna, cuya trayectoria –por cierto– empezó con el videoarte y no con el cine.

A Soldevila el galerismo siempre le vino pequeño. Su cabeza es una cantera de proyectos, como New Art Barcelona, la primera feria de arte contemporáneo en un hotel en España, que más adelante –siempre gracias a su innovador impulso– se convirtió en Loop, la primera feria del mundo especializada exclusivamente en videoarte. Fue el que me involucró en la realización de este libro. La idea es que yo viera el sitio, escuchara  (y también participara) en las conversaciones de Bigas Luna y Paolo Maggis y luego hiciera, lo que siempre hago…escribir. Y así se hizo.

Bioners - Paolo Maggis y Bigas Luna 12Salomó me encantó. Es hermoso, uno de esos lugares donde la tierra se funde con el cielo, donde no hay barreras que frenan la mirada… la nave está colonizada por fragmentos de arte y vida, los platos escurriéndose en el fregadero, las telas en sus diferentes estadios (algunas colgando del techo, otras apoyadas a la pared y otras más tendidas en el suelo a la espera de las intervenciones de los perros de Bigas y Paolo) y decenas de botes de color y pigmentos de toda forma y tamaño, trapos, pinceles, tampones, espátulas.

Aunque Bigas Luna no necesita presentaciones y su larga y exitosa trayectoria de cineasta es internacionalmente conocida y reconocida, quizás no todos saben que su primer amor fue el videoarte. Definirle cineasta es sin duda reductivo y aunque la palabra multidisciplinar está muy explotada, en este caso hay que utilizarla.

Su pasión por el campo, la ecología y la vida natural no le ha impedido abrazar las nuevas tecnologías y sus potencialidades, siendo entre los primeros en lanzar un proyecto participativo a través de Internet, de la mano de Pere Soldevila, entonces su galerista. Era 2001, el trabajo se llamaba Microcosmos y se basaba en Las Caras del Alma, una serie de dibujos y pinturas de pequeño formato, que Bigas Luna había realizado un año antes durante el rodaje de Son de Mar. En línea con la tendencia al trabajo colaborativo que Internet hacía posible, Microcosmos ofrecía a todos los internautas la posibilidad de intervenir sobre las imágenes digitalizadas de seis de estos dibujos y luego imprimir la obra, que sería una creación conjunta entre el célebre cineasta y el anónimo visitante.

Las grandes telas que cuelgan de las vigas de la nave de Salomó, demuestran una vez más que para Bigas Luna no hay creación sin experimentación y esto es lo realmente fascinante. Lo confirman todas sus obras, empezando por aquellas fotografías, negativos y fotogramas de películas recortados e intervenidos con pinturas de su primera época, testigos de la voluntad de enlazar cine y pintura, imagen estática y en movimiento, que también aparecen reproducidas en Bioners, el libro.

Paolo Maggis en Salomó

Paolo Maggis en Salomó

Paolo Maggis es un pintor italiano que llegó a Barcelona de la mano de Pere Soldevila, por aquel entonces un galerista en el sentido más profundo del término, de aquellos que buscan los nuevos talentos y le ayudan a emerger, dan a conocer los creadores de un país en otro y cuidan de sus artistas. De su pintura en el libro escribí que “ tiene un extraño dinamismo interior, que a menudo evoca la imagen en movimiento o los fotogramas de las películas, tal y como los recordamos de la era analógica”.

Paolo Maggis - The Treasure (2011)

Paolo Maggis – The Treasure (2011)

Maggis no trabaja con modelos vivos, todas sus pinturas se inspiran en imágenes fotográficas, a veces se queda prendado por el rostro que asoma desde un telediario o una película, otras le atrae la mirada atrapada por la cámara de un teléfono móvil. Cada obra tiene su historia autónoma e independiente y todas juntas hablan de sentimientos colectivos, de momentos de placer y desenfreno que ocultan el miedo a la soledad y el vacío, de la paz que precede una decisión liberadora o de la incertidumbre que generan las vicisitudes cotidianas.

¿Figurativo? ¿Realista? Etiquetarlo sería un error. Sin duda sus imágenes proceden de la realidad y por lo general, aunque no siempre, su iconografía es identificable. Sin embargo los grandes rostros de Maggis van más allá, esbozan un retrato interior del protagonista y agarran el espectador por sorpresa, catapultándole en su mundo y obligándole a completar el relato de la gran comedia humana.


Paolo Maggis forma parte de aquella sutil tendencia de la pintura europea contemporánea que reniega del hiperrealismo, frío y desalmado, para enfrentarse a la representación de la realidad desde múltiples perspectivas, que desbordan y desafían los cánones de la percepción convencional.

A mi personalmente de estas perspectivas la que prefiero es la del alquimista, que va extendiendo capa tras capa, mezclando óleo, con acrílicos y detalles en spray y esmalte, en un juego de contrastes entre colores muy densos y muy líquidos, pinceladas gruesas y enérgicas y detalles delicados y precisos. El alquimista que sabe usar el disolvente para que el óleo cambie de textura y aspecto: brillante o opaco, amétrico o disipado como la niebla.

Bigas Luna y Paolo Maggis en Salomó

Bigas Luna y Paolo Maggis en Salomó

Cuando fui a Salomo visité también el huerto ecológico de Bigas, otro lugar donde la fusión entre arte y vida se materializa en obras creadas con la ayuda de los elementos como las esculturas de guiones, un monumento y a la vez una metáfora del paso del tiempo. En medio de las tomateras, cerca del corral de los burros, hay montones de guiones, que con los días, los meses y los años, la lluvia, el sol y el viento, se van compactando hasta adquirir una textura marmórea y, en vez de deshacerse, se solidifican encerrando en su interior palabras, diálogos y personajes.

Aquel día Bigas Luna  me regaló una caja de tomates, que se convirtieron en parte fundamental de mi dieta diaria durante la redacción del libro y contribuyeron a mi buena disposición de ánimo. El problema es que después de haberlos probados ya nada fue igual y no he podido volver a comer ningún otro tomate.….

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